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La importancia del juego para los niños con discapacidad

Sabemos que todos los niños necesitan jugar. De hecho, según reza la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Declaración de los Derechos del Niño, jugar es un derecho de la infancia y somos los adultos los que debemos hacer todo lo posible porque se cumpla. Concretamente, en el principio 7 de dicha declaración dice textualmente “El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deberán estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho”.

Pero, por desgracia, los niños con discapacidad en ocasiones no tienen tan sencillo como el resto de los niños este acceso al juego y a las actividades recreativas. Desde Fundación Aon siempre abogamos por la inclusión de todas las personas, independientemente de sus capacidades y afortunadamente cada vez más son las iniciativas que facilitan el juego a los más pequeños, tengan la (dis)capacidad que tengan.

Por ejemplo, en los últimos años hemos visto cómo en los parques de muchas ciudades se han instalado columpios y otros elementos de juego especialmente diseñados para pequeños con movilidad reducida.

También año tras año, se fabrican juguetes que, por su facilidad de uso, son ideales para pequeños con limitaciones en el movimiento o discapacidades intelectuales. Inclusive hemos visto en el mercado la aparición de muñecos con características propias de alguna discapacidad, lo que hace que la inclusión llegue a los juguetes.

Las nuevas tecnologías han supuesto un revulsivo para el juego de los niños con capacidades diferentes. Niños que tienen problemas de audición encuentran en las nuevas tecnologías un aliado que les hace romper esa barrera, incluso hemos visto en ocasiones como pequeños robots han hecho que niños con trastornos del espectro autista.

Pero la inclusión de verdad, aunque ayudada por estos nuevos juegos que aparecen, debe estar en su entorno. El mejor juguete no es el más caro, ni el más novedoso o tecnológico, sino un amigo que juegue con nosotros; para ello es fundamental que desde las familias, las escuelas y la sociedad en general apostemos por una inclusión real de todos los niños en el ocio.

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